Normalmente, cuando nos encontramos ante una pelea, enfocamos nuestra atención en ayudar, curar, mejorar la autoestima de la niña o el niño que es acosado. La niña o el niño que acosa y ha generado la situación, es decir: el acosador, puede llegar a ser castigado de un modo u otro pero…
¿Te has preguntado alguna vez qué le ocurre al niño/a que acosa? ¿Por qué lo hace?
Es muy habitual que el acosador simplemente reciba un regaño por parte de la tutora o tutor y de la directora o director del centro, e incluso la expulsión del colegio (en este post no entraré en si es acertado o no, ya que depende de múltiples factores en cada caso). En algunos centros se realiza un seguimiento de la mano del psicólogo o psicóloga.
Hay casos en los que todos los niños lo esconden y es difícil detectarlo, y otros en los que el mismo centro no pone los medios necesarios.
Es fundamental que se coja cada caso y a la niña o al niño acosador de la mano para guiarle, enseñarle y ayudarle a tomar consciencia de lo que está haciendo y ver las causas reales del por qué lo hace. Para darle la educación que necesita dada su situación, vivencias y experiencias, y así fortalecer su salud emocional y psicológica.
CULPAR AL NIÑO QUE ACOSA
¿Quién tiene la culpa? Efectivamente la niña o el niño que acosa, o hace bullying a otro niño, es a la primera persona que se debe atender para modificar en la medida de lo posible su conducta. Pero no es la única persona y el “culpable principal” ya que detrás de sus actos hay algo más…
No depende solo de ellos. Y para entenderlo mejor, es necesario nombrar que en 1943 Abraham Maslow, psicólogo humanista, creó la pirámide de las necesidades humanas. Donde estableció el orden de prioridad de las necesidades humanas.

El entorno de la niña o el niño que acosa
Estos niños tienen detrás algunas de sus necesidades humanas sin cubrir. Su entorno familiar está desestructurado. Sufren falta de cariño o afecto por parte de la madre, del padre o de su cuidador. Por lo que no se sienten amados o atendidos. Se sienten inseguros, desplazados, sienten que no pertenecen o que no se les quiere en ese lugar.
Su educación en casa suele ser estricta, negativa y autoritaria. Por lo que la niña o el niño no es valorado por aquello que hace para ayudar en casa, o simplemente se le niega cualquier ayuda menospreciando su capacidad, quitándole confianza, y añadiendo juicios como insultos hacia la niña o el niño.
Tampoco se les anima a mejorar de un modo agradable, sino que más bien se le ataca a sus debilidades o directamente es ignorado.
Esta niña o niño no se siente visto ni escuchado. Se siente invisible, y esa visibilidad la va a buscar fuera de casa.
Conductas e influencias
No existe un perfil, pero sí que hay ciertas actitudes y entornos que pueden ser clave para que se convierta en el niño acosador.
Sus conductas suelen ser con tendencia a la agresividad, con pocas habilidades sociales por miedo a no ser bien recibido, a no poder pertenecer a un grupo y su autoestima es baja.
También es posible que ya pertenezcan a un grupo en el que sí se siente escuchado y entendido. Un grupo agresivo que llama continuamente la atención de un modo agresivo.
Además, estos niños no están acostumbrados a responsabilizarse de sus actos y les cuesta muchísimo o no pueden llegar a ponerse en el lugar del otro, a empatizar con la otra persona. Por lo tanto, mucho menos a tener compasión. Si no sabes la diferencia entre empatía y compasión te dejo la entrada de blog donde la explico. Te invito a ir a verlo además porque el término compasión se usa de un modo equivocado en algunas circunstancias.
La habilidad de prevención
Detectar a la niña o el niño que acosa desde el entorno es imprescindible para poder ayudarle a que su vida dé un giro, se enfoque en aquellas cosas buenas que quiere conseguir para sí mismo y aprenda a tener la seguridad de que si quiere, puede conseguirlo. Ayudarle de verdad desde la educación, constancia y guía que necesita para aprender a quererse y valorarse, así como a querer y valorar al resto de personas que le rodean y hacerlo desde la amabilidad.
Cada niña y cada niño tiene su proceso evolutivo, por lo que no podemos saber el tiempo que les llevará mejorar y crecer en su desarrollo personal, pero aquél que lo hace, con un experto a su lado y un adulto cercano con ella o él, sin duda lo consigue. Y llega a tener una salud mental y también física de la que sentirse orgullosa/o cuando ya es adulto. De este modo, la educación que dará a sus hijos o su entorno será para ayudar, desde el amor y no desde el miedo, ni el odio.
En mis clases de Atención Plena, los niños aprenden a gestionar y guiar sus emociones. Estas clases les ayuda a exteriorizar aquello que sienten, a conocerse. Aprenden a comunicarse y poder pedir ayuda.
Si quieres saber más sobre las clases, ponte en contacto conmigo y te informaré de todo lo que necesites.

