RESPIRA EN CALMA
Si en una escala del 1 al 10, su alegría es 10 pero su frustración manda en 5, ¿qué emoción gana cuando algo sale mal?
Aprender a respirar, nombrar lo que siente y parar a tiempo, convierte:
“No puedo” en “Voy a ello”.
Accede a un regalo de acciones sencillas, prácticas, potentes y muy eficaces.
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Si tu hija o hijo explota A MENUDO… o se apaga…
No es que se esté “portando mal”. Es que está desbordado por dentro.
Aquí no damos sermones. Damos herramientas que va a usar en casa y en clase.
Pasará de «rabietas» y dispersión mental, a calma y foco — sin gritos, ni culpas.
Entreno la atención, los pensamientos y las emociones de tu hija o hijo con Atención Plena. Es práctica y fácil de aplicar en casa y en el cole.
¿Quieres que lo practique cada semana y gane herramientas para toda su vida? Mira el plan
Un entrenamiento de Atención Plena para niñas y niños durante todo el curso.
No es cosa de un día: se entrena como un deporte, como un instrumento musical. Sesiones cada semana, en directo, de septiembre a junio.
Grupos reducidos (3 a 5). Resultados que se notan en casa y en el cole.
No es una moda: es hábito. Es entrenar para la vida.
Si de verdad quieres que tu hija o hijo aprenda a estar en paz por dentro, hay una manera que está al alcance de cualquier niño o adolescente, para…
- Calmarse solo incluso cuando está a punto de explotar.
- Convertir “no puedo” en “lo hago” con confianza.
- Concentrarse mejor en clase y en casa, sin broncas.
- Dormir más tranquilo y despertarse con mejor humor.
- Poner nombre a lo que siente y pedir ayuda.
- Relacionarse mejor con otros sin miedo al error.
- Recuperar la alegría que a veces se pierde entre deberes, pantallas y prisas.
Resultados demostrables:
Trabajo en directo con familias y centros educativos.
Semana a semana vemos cambios reales: “Hoy se calmó él solo”, “Hoy se atrevió a participar”, “Hoy se fue a dormir en paz”.
No es entretenimiento: es entrenamiento emocional que se queda dentro.
Soy Mireya y llevo más de 18 años acompañando a niñas, niños y familias a entrenar la atención, los pensamientos y las emociones con un enfoque práctico que combina Atención Plena, Neurocoaching Educativo y Psicología Positiva.
Trabajo con peques de 4 a 15 años en sesiones individuales, con familias para alinear rutinas en casa y con centros educativos para implementar objetivos claros y medibles.
Enseño a parar, observar y elegir mejor la respuesta: menos impulsividad, más calma, foco y seguridad.
Abordo retos como falta de atención, hiperactividad, ansiedad, estrés, tristeza, baja tolerancia a la frustración y conflictos por pantallas o deberes.
Lo hago con herramientas sencillas y sostenibles: prácticas breves diarias, respiración y anclajes corporales, autodiálogo, acuerdos familiares y seguimiento. Mi intervención es respetuosa y directa; no sustituyo terapia clínica y, si detecto señales, derivo y coordino.
El objetivo: cambios reales en casa y en el cole que se mantengan en el tiempo.
Atención Plena lo encuentras en mil sitios; que tu hijo la use justo antes del estallido… ahí está la diferencia.
Después de este entrenamiento, tu hija o hijo podrá:
- Autorregularse antes de estallar.
- Expresar lo que siente sin herirse ni herir.
- Enfocarse en tareas sin que tú lo repitas veinte veces.
- Aceptar el error sin hundirse; seguir adelante.
- Descansar mejor y disfrutar más del día a día.
- Confiar en sí mismo sin necesidad de premios ni castigos.
Ya ha comenzado el cole
¿Si mañana mismo tu hija o hijo empieza a estresarse por la vuelta al cole?
No te podré ayudar tan rápido, pero creo que te pueden venir muy bien estas 5 ideas.
Respira primero
¿Quién se calma antes, tú o ella o él? ¿Podéis hacer tres soplos lentos juntos?
Tu calma es el ancla; tres respiraciones cambian el ambiente.
Nombra lo que pasa
¿Sabe qué siente o lo estás adivinando? ¿Podéis ponerle un nombre sencillo?
Di: “Veo frustración ¿estás frustrado?”; cuando lo nombráis, baja el incendio.
Trago de agua
¿Hay agua a mano? ¿Podéis dar un sorbo lento juntos?
Un trago pausado es un mini-reset del cuerpo; mejor antes de seguir.
Cread una señal
¿Tenéis un gesto o palabra para parar antes del estallido? ¿Algo breve como “pausa”?
Acordad “pausa” + mano en tripa; practicad 60 segundos, dos veces al día.
Abrazo de 20 segundos
¿Podéis daros un abrazo largo sin hablar? ¿Sentir la respiración?
Un abrazo de 20 s baja revoluciones y prepara para dormir.
Por cierto, NO OLVIDES TU REGALO.
Te cuento lo más importante que debes tener claro cuando tu hija o hijo se desborda, y qué hacer para que empiece a calmarse sin gritos ni culpas.
Haz lo que te digo en el vídeo y la percepción que tiene tu peque de sí mismo cambiará a mejor desde el primer instante.
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Y no olvides esto, te vendrá genial…
1.- La información, a sorbitos. Poco a poco; su cerebro aprende mejor así.
2.- Intención clara. Dile qué vais a hacer y para qué (“para sentirte más tranquilo”).
3.- Empatiza de verdad. “Entiendo que te enfade; vamos a probar juntos”.
4.- Energía amable. Tu tono importa tanto como tus palabras.
5.- Lenguaje sencillo + historias. Lo que entiende, lo integra.
Juego y movimiento. El cuerpo es la autopista a la calma.
Esto no es masivo. Es real. Es profundo. Y cambia vidas.
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