Cada año, durante la mitad de las vacaciones del mes de Agosto, nos comenzamos a decir: «En pocas semanas comienzan las clases». Y así es. Tanto de educación infantil y educación primaria en España, como de cursos de estudios medios y superiores.
Me gustaría hacerte una pregunta, si me permites, haciendo un llamado a tus recuerdos.
Cuando eras pequeña o pequeño al inicio del curso escolar:
¿Te gustaba cuando los demás eran amables contigo? ¿Te hacía sentir bien? ¿Cómo te sentías cuando alguien no lo era? ¿Te daba rabia, te sentías triste o te enfadabas?
Siguiendo con estos recuerdos ¿Qué ocurría después de la emoción que venía a ti? Quizá, en aquellos momentos era muy probable que juzgaras a la persona que “te hizo sentir así”. Y que estuvieras un tiempo dándole vueltas en tu cabeza o incluso, que lo hablaras con otra persona . «¿Te puedes creer lo que me ha pasado…?»
¿Recuerdas de cuando eras pequeña o pequeño, algún apodo o insulto de alguna niña o niño hacia ti?
Como madre y padre en el presente
Es muy probable que no quieras que tu hija o hijo pase por un momento desagradable como aquél o aquellos que tú ya has vivido. Que en el colegio no quieras que le insulten, que no quieras que lo dejen de lado…
Quieres que tenga algún amigo o amiga, o un grupito agradable de amigos. Que se respeten, se quieran, compartan experiencias y vivencias de manera sana, se cuiden y valoren unos a otros.

Por esto es importante que todos enseñemos a nuestras pequeñas y pequeños a empatizar y tener compasión por los demás. Que sepan sus fortalezas, sean vulnerables, fuertes y marquen sus límites.
Hago un inciso para explicar la compasión y la vulnerabilidad, que suele confundirse habitualmente.
Entendiendo la compasión y la vulnerabilidad
Compasión: La compasión a veces se confunde con “tener pena por el otro” pero realmente no es para nada eso. He buscado el significado en Wikipedia y dice lo siguiente:
La compasión (del latín cumpassio, calco semántico o traducción del vocablo griego συμπάθεια (sympátheia), palabra compuesta de συν + πάσχω = συμπάσχω, literalmente «sufrir juntos», «tratar con emociones …», simpatía) es un sentimiento humano que se manifiesta desde el contacto y la comprensión del sufrimiento de otro ser. Más intensa que la empatía, la compasión es la percepción y la compenetración en el sufrimiento del otro, y el deseo y la acción de aliviar, reducir o eliminar por completo tal situación dolorosa.
Wikipedia
Se trata de un sentimiento que se produce al ver padecer a alguien. Y que impulsa a aliviar su dolor o sufrimiento, a remediarlo o a evitarlo.
Es decir, vemos que otra persona está sufriendo y entendemos su sufrimiento y, además, queremos aliviarlo de algún modo. Esto no significa que esté en nuestras manos poder darle la solución, ya que a veces es imposible. Por ejemplo, no podemos curar una enfermedad. Pero es posible que podamos ayudar a pasar y transitar de un modo más agradable esa enfermedad.
Vulnerabilidad: Mucha gente cree que ser vulnerable es sinónimo a ser blando, débil, y no es así. Todos somos vulnerables. Y es que, todos tenemos las mismas emociones y, en algún momento de nuestra vida, nos sentimos superados por alguna situación emocionalmente y físicamente. También he buscado en Wikipedia la definición de vulnerabilidad y dice lo siguiente:
Vulnerabilidad puede ser aplicado en diversos campos con distintas acepciones. Vulnerabilidad es la cualidad de Ser vulnerable (que es susceptible de ser lastimado o herido ya sea física o moralmente). El concepto puede aplicarse a una persona o a un grupo social según su capacidad para prevenir, resistir y sobreponerse de un impacto.
Wikipedia
Por lo tanto, todos somos vulnerables. No significa ir por la vida hablando todo el rato de nuestras penas y fracasos, sino aceptar lo que estamos viviendo en este momento, y seguir adelante con determinación.
Así que, somos más parecidos de lo que quizá pensabas y a la vez no hay nadie igual que otro. Y te lo digo en parte desde mi experiencia como hermana gemela.
En el contexto social
Somos seres en convivencia, seres sociales que necesitan de otros para sobrevivir. Y es por esto que, me gustaría pedirte que sin buscar excusas, te sientes con tu hija o tu hijo unos minutos para explicarle y así, que pueda aprender, que todos somos diferentes. Unos más altos, otros más bajos, unos más corpulentos, otros más delgados. Todo es según con quién estés comparando. Y por lo tanto, no es motivo de burla.
Que tampoco lo es el llevar gafas, el pelo de una u otra manera, que le guste un equipo de fútbol diferente, que no le guste el fútbol o que su ropa esté más nueva o más vieja.
Y a la vez todos queremos lo mismo… los demás también quieren que sus madres y sus padres los quieran, que los escuchen, tener amigos y llegar a cumplir sueños.
Que para ser feliz no necesitamos tener, tener y tener, sino ser. Ser una persona que ayuda al que está al lado, que reconoce que no es perfecto y que no lo será nunca (la perfección no exister). Pero que va aprendiendo cada día habilidades y herramientas nuevas que le servirán para vivir. Y que esas herramientas y habilidades se las da otra persona, por lo que, necesitamos de los demás para aprender, vivir y sobrevivir.
Quizá estés diciendo que es tu hija o hijo el que sufre las faltas de respeto por algún compañero o compañera. Enséñale a no hacerlo porque otros lo hagan, eso hará que marque la diferencia y quizá el otro aprenda algo agradable a través de tu hijo. Nunca sabemos qué está viviendo esa niña o ese niño en casa, y es en el aula donde puede expresarse y decir que necesita ayuda, sin saber expresarlo verbalmente de un modo agradable.

También, ayúdale a saber que hay unos límites y que todos debemos aprender cada día a ser mejor persona. Así su entorno muy probablemente mejorará.
Por lo tanto, el comienzo del nuevo curso es un buen momento para ayudar a tu hijo a valorar a otras personas y a valorarse así mismo. Además, acompañado de mindfulness o atención plena, podrá empezar con buen pie y afrontar con ilusión y optimismo este inicio de escolar.
La educación comienza en casa.

