Es fácil que tu hija o hijo pierda la motivación cuando está esperando y deseando llegar directamente al resultado final, sin disfrutar del proceso. «Que cada cosa que haga; la haga siempre sabiendo el objetivo y por qué lo está haciendo»
¿Por qué?
Es recomendable que, cada cosa que realice, la haga siempre sabiendo el objetivo del por qué lo está haciendo. Siendo ella o él quien diga su por qué, y luego puedes hacer de guía para ayudarle a pensar, sin exigir que tu respuesta sea la acertada y la suya no. Esto hará que esté tomando acción sobre su vida, que sepa desde dónde parte, dónde quiere llegar y por qué.

Desde aquí puedes ayudar a que su camino esté compuesto de pequeños logros, es decir, que cada día que realiza algo para llegar a ese objetivo final, sea consciente de que es algo importante que ha logrado, de modo que quede agradecida o agradecido por ello. Con una, al menos pequeña, sonrisa dibujada en su rostro, unos abrazos, una salida especial…
Es de este modo que el esfuerzo es recompensado. Que el trabajo que se está realizando tiene su importancia, y que el día que estás viviendo tiene un por qué. Y este por qué le lleva a aprender a dirigir su vida. Porque aprenderlo desde pequeño hará que vaya conociendo sus fortalezas, sus debilidades, sus gustos, sus valores, lo que a ella o él le importa de verdad, y a prestar atención también al entorno, para poder cuidarlo.
Logrando el objetivo con el ritmo que tiene cada uno.
Es cierto que el objetivo es de importancia. Cada niña y cada niño que viene a mis clases vienen porque sus madres y padres quieren que les ayude en su desarrollo de habilidades para conseguir relajarse, que tengan facilidad y sepan mantener la atención, que aprendan a gestionar emociones para la resolución de conflictos… Lo que ocurre es que, cada persona tiene su ritmo y muchas veces insistimos en únicamente observar si hay avances en la niña o niño.
Sin darnos cuenta de la importancia de ver que cada día en el que se realiza una práctica relacionada con aquello que nos ayuda, sin ponerle peso a dicha práctica, simplemente dejando que suceda lo que de manera natural sucederá, hará que tu hija o hijo vaya avanzando. Y es cada día que con la práctica y el tiempo llegará a su avance personal.
Pero si sólo hablas del logro final, aquello en lo que quieres que tu niña o hija se convierta, la práctica (sea la que sea) no tendrá el mismo efecto y, desde este enfoque, la frustración viene más fácil que si hacemos un balance al final del día con los pasos que hemos dado y que nos acercan a nuestra meta, al objetivo final.
Por tanto, el proceso es el momento en el que hay que estar de manera atenta, consciente, y el resultado final ya llegará. Te animo a practicar esto en casa y verás cómo la exigencia, el estrés y la ansiedad bajarán. Recordando que: Cada cosa que haga; la haga siempre sabiendo el objetivo y por qué lo está haciendo.

