¿Has oído alguna vez la siguiente frase?
«Cuando no reconocemos nuestra belleza interior, no es fácil ser felices.»
Todas las personas tenemos un saboteador, una vocecilla interior que nos habla continuamente para decirnos qué estamos haciendo mal, que no le gusta nuestro aspecto, nos compara con otras personas, nos dice que mejor hacer una actividad que nos sea fácil a una que implique esfuerzo de cualquier tipo y, aunque sepamos que es algo que nos ayudará a avanzar en el camino, la mayoría de las veces le hacemos caso porque es lo más sencillo.
Todas estas cosas que nos dice, repetidas a lo largo del día, y de los días, las semanas, los meses y los años… van creándonos, en numerosas ocasiones, inseguridad.
Cuando hacemos un trabajo interno, cuando paramos un tiempo cada día para escuchar qué es aquello que está ocurriendo en mis pensamientos, estamos creando consciencia de lo que me dice esta voz y, es entonces cuando, poco a poco y de manera consciente y amable, podemos silenciarla.
Un silencio que no dura para siempre y que ni los grandes meditadores pueden conseguir ya que, el trabajo del cerebro es crear pensamientos.
En el momento en el que aprendemos a darnos cuenta de cuándo la voz nos habla, podemos decidir atenderla para saber qué nos está pasando, si esa voz a menudo viene con la “misma canción” podrás ver un patrón. Ahí podremos dirigir y conocer qué puede estar ocurriendo.

Quizá tengas ansiedad por algo que crees que va a ocurrir. Podría ser una continua comparación con otra persona que crees que le va muy bien en su vida amorosa, económica… y déjame decirte una frase para que pueda darte un poco de claridad: “La comparación es la ladrona de la felicidad” Eleanor Roosevelt.
Algo que leí hace poco en el libro Manifiesto para Los Héroes de cada día, de Robin Sharma: “No hay nadie igual que tú… desde el principio del imperio de los humanos, solo se ha hecho uno como tú. ¿No es asombroso?… con tus huellas dactilares, tus capacidades, tus auténticas ambiciones, tu forma de hablar, de trabajar, de andar y de amar… Dedícate tú mismo las palabras, los elogios y los ánimos que esperas te den las fuerzas externas. Y te conviertas en tu mejor animador, tu mejor apoyo y tu fan número uno”.
Es posible que sea tu hijo o hija quien tenga a su saboteador muy parlante y necesite que se vaya calmando, en este caso adapta las palabras que acabas de leer según su edad. Os propongo unas pequeñas prácticas que sin duda van a marcar un antes y un después en vuestros días.
PRÁCTICANDO:
Realizando algunas actividades o acciones podemos tomar conciencia y aprender sobre como gestionar el saboteador interior que llevamos dentro.
Agradecimientos:

Podéis practicar cada día tres agradecimientos diarios justo al levantaros.
Si los escribís será mucho más sencillo al principio aunque, también podéis decíroslo justo al levantaros o si desayunáis juntos.
Respiraciones:

Antes de salir de casa o justo después de levantaros de la cama, cada uno, ya sea de manera individual o en familia, hace unas respiraciones sentados en el suelo sobre un cojín, una esterilla, alfombra o silla. Meditar os va a ayudar a que lo que suceda en el día os haga estar de un modo más activo, de escucha y observación respondiendo de manera más amable, en vez de estar reactivo. Y a que la vocecilla de la mente esté más tiempo en silencio y vosotros relajados.
Esto es algo a hacer cada día. Trabajar en nuestro desarrollo personal nos ayuda a crecer pero tiene que ser diariamente para que podáis subir de nivel mental, físico y espiritual.
Os recomiendo meditaciones de dirigir la atención a lugares y sonidos concretos (preparando el desayuno, de camino al colegio, en el parque…). Al igual que meditaciones de observación a los pensamientos.

