LA ATENCIÓN

La palabra atención proviene etimológicamente del término attendere, que significa << llevar nuestra atención a un estímulo determinado >>. Ya sea externo o interno.

Imagina una linterna, haz de luz que enfoca un objeto o una situación para poder percibir aquello que queremos ver.

La atención es lo que nos permite enfocar un objeto o situación para percibir de manera consciente lo que está ocurriendo en ese momento.

Por tanto, por medio de la atención, tomamos conciencia de la realidad que está ocurriendo a nuestro alrededor (en el mundo) o la realidad que proviene de nuestro espacio interior.

SITUACIÓN ACTUAL

¿Qué está ocurriendo en estos últimos años?

Que ahora vivimos cargados de estímulos. Si vamos caminando por la calle, podemos atender a multitud de carteles con iluminación, pantallas con anuncios… multitud de señales visuales, también auditivas (semáforos), olfativas (entrar a una tienda, pasas por una pizzería, panadería)…

Las nuevas tecnologías, que ya están en el día a día de pequeños y mayores, capturan nuestra atención por todos los estímulos en sus colores, sonidos, interacción con otras personas, juegos…

Todo este entorno, ambiente de hiperestimulación, está generando dificultades atencionales en niños, niñas y jóvenes. Trastornos de déficit de atención (TDAH), síndrome de atención parcial o lo que los psicólogos denominan mente zapping, es decir, la capacidad de atender múltiples estímulos a la vez. Estoy en casa con la tele encendida, mientras hablo con una persona de manera física, y tengo el móvil en la mano porque tengo una o varias conversaciones por WhatsApp o estoy viendo Instagram o TikTok. ¿Os suena? nuestra atención en muchos lugares, pero en ninguno a la vez.

Nuestro haz de luz, nuestra atención, no se detiene en profundidad en nada. Esta dispersión atencional ocurre igual en el aula, y en su mayoría incide directamente en no sólo en el rendimiento académico, sino en la gestión de las emociones, el clima del aula, el clima en casa, el clima en la calle… Estemos donde estemos.

PEQUEÑOS PASOS

¿Qué podemos hacer?

Comenzando a incorporar o a mejorar hábitos o rutinas como adultos para experimentar mejoría para nosotros mismos, y para nuestras niñas y niños.

Primer paso: Dando ejemplo

¿Por qué? Porque ellos imitan lo que tú haces. Lo ven como algo que hay que hacer. Van experimentando aquello que viven cada día y se acostumbran a ello.

¿Cómo damos ejemplo? Haz una sola cosa en cada momento, de forma serena, centrada, sin juicio. No analices, ni disecciones la realidad, simplemente detente en ella y contémplala. Contempla a tu hijo jugar, ver la tv, la conversación con él, contempla tu paseo sin mirar el móvil… 

Entrena tu atención porque no sólo los niños lo necesitan, a nosotros también nos está pasando factura este modo de vida. Si estás viendo la TV, estás viendo la TV. Si no la estás viendo, apágala y no la dejes de fondo porque puede distraer tu atención de aquella otra cosa o persona con la que estés en este momento.

Enseña a los niños a lo mismo. Para que puedan dirigir su atención a una sola situación o a un objeto externo.

Segundo paso: Enfoque interior

Esa atención no sólo se puede enfocar a realidades externas, también puede dirigirse hacia el interior del propio cuerpo. Cuando somos capaces de hacer silencio y escuchar nuestro cuerpo, podemos descubrir la multitud de sutiles sensaciones que provienen del interior y que están dando voz a la experiencia de cada instante de nuestra vida. 

Es posible llevar la atención a 3 niveles de nuestro interior:

  1. Las sensaciones corporales.
  2. Las emociones.
  3. Los pensamientos.

PRÁCTICAS PARA EDUCAR LA ATENCIÓN

¿Prácticas? ¿Deberes?
Como decía Walt Disney, «La clave para iniciar algo es dejar de hablar y ponerse a realizar». En otras palabras, con cada paso que demos y ejecutemos, antes recibiremos los beneficios y llegamos a obtener momentos de calma y de atención.

Práctica 1: Limón

Para esta práctica necesitarás estar sentada o sentado de una manera cómoda. Con la espalda recta y las manos sobre tus piernas. Cerrando los ojos imagina que estás sentada o sentado en la mesa de la cocina. Observa el limón que hay encima de la mesa, puedes cogerlo y, sintiendo su humedad y temperatura fría, ya que acaba de salir del frigorífico, córtalo por la mitad. Llévate una mitad a la nariz para olerlo, y dale un bocado.

Es importante que te hagas las siguientes preguntas antes de terminar la práctica: 

¿Qué está ocurriendo en tu boca ahora? ¿Y en tu cara? ¿tienes la frente relajada?

Puedes abrir los ojos.

Es posible que leyendo simplemente hayas salivado. Aquí está el poder de nuestra mente. No tiene que pasar algo real para que tu mente y tu cuerpo se vean afectados. Los pensamientos que generas, y el quedarte atrapado en ellos dándole vueltas todo el rato, también provocan reacciones en nuestro organismo. Conexión mente – cuerpo. 

¿Veis lo que estoy haciendo al finalizar cada actividad?

Hago una indagación.

¿Para qué?

Para que no paséis por alto la experiencia que estáis viviendo en este momento. Para daros cuenta de vuestras sensaciones, vuestras emociones y los pensamientos que surgen.

Con los niños es lo que hago tras cada actividad. No le digo lo que seguramente estará sintiendo o pensando, le doy posibilidades diferentes si son pequeños para que puedan ponerle un nombre a ello, o simplemente espero a qué puedan expresar directamente ellos. Los silencios en las conversaciones son necesarios, porque el otro está profundizando en sí, está atendiendo a su realidad interior.

Al finalizar esta actividad les pregunto si podrían dar ejemplos de relación mente – cuerpo, algunos dicen que:

Les duele la barriga porque están nerviosos. Y ahí indagamos para seguir profundizando ¿Y por qué estabas nervioso?… Puede que en ese momento no quiera hacer la indagación, hay que respetar sus tiempos. Pero ahí ya están conociendo otra posibilidad de visualizar y conocer la posibilidad del parar para descubrir por qué me pasa esto, qué es lo que estoy sintiendo, y qué pensamiento me está llevando.

Práctica 2: Cepillarse los dientes

Cepillarse los dientes con la mano con la que no sueles hacerlo. Si eres diestro, con la zurda y si eres zurdo, con la mano derecha.

¿Qué está pasando en ese momento? ¿Dónde está tu atención? ¿Y dónde está tu atención cuando lo haces con la mano de siempre?

Esta actividad crea curiosidad en la mayoría de los niños y lo que ocurre al realizarla en familia suele ser interesante. Te animo a que la pruebes en casa.

CONCLUSIONES

A través de la atención plena, podemos enfocarnos en un objeto o situación con el fin de percibir, de manera consciente, lo que está ocurriendo en ese momento presente, tanto de manera externa en nuestro entorno con las personas que nos rodean, como de manera interna con uno mismo o una misma. Para que se conozcan mejor y puedan caminar cada día queriendo seguir siendo uno o una misma.